CINE
¿Cree Dios en los judíos?

@Nacho Gay - 06/06/2008
ARITMÉTICA EMOCIONAL

Dirección Paolo Barzman.
Guión Jefferson Lewis (Novela: M. Cohen).
Fotografía: Luc Montpellier.
Música: Normand Corbeil.
Intérpretes: Susan Sarandon, Christopher Plummer, Gabriel Byrne, Roy Dupuis, Max von Sydow, Dakota Goyo.
golem.es/aritmeticaemocional
Aritmética emocional, adaptación al cine de la novela homónima de Matt Cohen, es una película que entraña todos los conflictos y contradicciones sobre los que pivota el celuloide postmoderno. Para empezar, la convicción de que en el cine ya está todo dicho, razón ésta por la cual resulta del todo pertinente recurrir por enésima vez al Holocausto para hablar de la 'memoria', como si no existiesen otras vías de manifestación profunda del dolor reminiscente. Un dolor que, por cierto, en esta película será en última instancia analgésico, como no podía ser de otra manera.
La cinta habla de la dialéctica recuerdo-olvido a la hora de enfrentarse a un pasado terrible. Desmesurada ambición narrativa para un director novel como Paolo Barzman. Sobre todo -he aquí otro trance propio de la postmodernidad fílmica-, porque el relato no tiene apenas lógica narrativa. Los puntos de vista son múltiples y en todo momento es difícil saber quién habla. Los personajes son poliédricos y la cinta coral, por lo que la complejidad es aún mayor. Y la estructura es del todo arbitraria: comienza con un flashforward innecesario y recurre de vez en cuando a flashbacks preciosistas rodados en riguroso blanco y negro para el lucimiento del director de fotografía.
No había en esta historia ningún pliegue discursivo que obligase al narrador a regresar de forma visualmente explícita a los campos de concentración nazis. La evocación pseudo-onírica del pasado es del todo redundante. También ciertos aspectos del presente narrativo. De hecho, la mitad de los planos de la película son prescindibles, no aportan apenas información, sólo glamour en lo formal y un pretendido aire bucólico, pastoril, casi pictórico en ciertos encuadres. Demasiada retórica. Ni esta película se llama Ararat, ni Barzman es, por desgracia, Atom Egoyan, por muy canadienses que sean ambos.
Sólo la credibilidad que aportan actores como Susan Sarandon, Chistopher Plummer y Max von Sydow -espectacular duelo interpretativo el de estos dos ancianos- aporta cierta credibilidad al relato, a medio camino entre lo clásico (happy end, evolución emocional de los personajes) y lo moderno (formalismo en el plano estético, complejidad psicológica); algo que no saciará el apetito de ningún tipo de espectador. Sólo el comienzo del filme, en el que la voz en off de Sarandon dice: “Si me preguntan si creo en Dios, perdonen si respondo: ¿Cree Dios en mí?”, sienta las bases de un discurso que, trabajado desde el pastiche, el eclecticismo y el melodrama algo sensiblero, no podía llevar a buen puerto. Se echa en falta, quizás, un mayor grado de autoría en el texto.
LO MEJOR: la primera aparición en el filme de Max von Sydow.
LO PEOR: los flashbacks; puro artificio.
Criterio de valoración:
Obra maestra.
Muy buena.
Buena.
Interesante.
Regular.
Mala.
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